Colmar, la Venecia alsaciana / El Nuevo Herald
Les dejo este artículo que escribí después de mi viaje a la hermosa Colmar, ciudad alsaciana en donde se encuentra el fabuloso museo Unterlinden.
Leer en El Nuevo Herald: Colmar, la Venecia alsaciana y el Museo Unterlinden
Colmar, la
Venecia alsaciana y el Museo Unterlinden
William Navarrete*
Colmar es una de
las ciudades más pintorescas del Este de Francia. La influencia alemana se nota
no solo en su gastronomía sino también en el modo de vida, el habla y las
costumbres de sus habitantes. Y es que esta ciudad medieval en medio de la Ruta
del Vino de Alsacia se halla a unos 15 km del río Rin y de la frontera con Alemania.
El sitio en que
creció Colmar, ciudad que hoy cuenta con unos 70 000 habitantes, fue mencionado
por vez primera en el 823 dC. Formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico
en que ya se destacaba como centro de interés económico gracias a su red
fluvial y a sus numerosos canales, riachuelos y afluentes que permitían la
comunicación y el comercio a lo largo del Rin. Estos canales son hoy una de las
atracciones turísticas y los visitantes suelen recorrerlos en barcos que surcan
los canales saliendo del puerto Saint-Pierre.
Hacía mucho
tiempo que no había vuelto a Colmar y, más que todo, tenía pendiente la visita
al célebre Museo Unterlinden (Bajo los Tilos), instalado en el antiguo convento
de los Dominicos y cuyas obras de ampliación se llevaron a cabo en 2015 con el
objetivo de acoger en la parte añadida las colecciones de arte contemporáneo a
partir del siglo XIX en la que figuran obras de Delaunay, Soulages, Dubuffet,
Monet, Otto Dix, Grosz, Renoir, Rouault, Beckmann, Soutine, Bonnard, entre
otros artistas de ambas orillas del Rin.
Un claustro
gótico del siglo XIII constituye el centro de la parte antigua y es ahí donde
se encuentran las salas que exhiben colecciones de pintura, escultura y objetos
de arte de los siglos XV al XVIII. Entre los artistas de más renombre figuran
Hermann Schadeberg, Hans Holbein el Viejo, Caspar Isenmann y Martin Schongauer,
excelentes exponentes del gótico renano.
Pero el plato
fuerte de la visita, por decirlo de algún modo, es el famosísimo Retablo de
Issenheim, pintado por Matthias Grunewald entre 1512 y 1516, en colaboración
con el escultor Nicolas de Haguenau, por encargo de la Comandaría de los
Antoninos, cuya sede se encontraba en el poblado por el que terminó
conociéndose el retablo, situado a unos veinte kilómetros de Colmar.
Los Antoninos
eran una orden de hospitalarios fundada en Francia en el año 1095 con la misión
de curar o aliviar las personas afectadas por el ergotismo, también llamado
“fiebre de San Antonio” o “fuego del Infierno”, una enfermedad contraída por la
ingestión de un hongo rojo parásito (el ergot) presente en el centeno, trigo o
la cebada. Los aquejados por este mal sufrían atroces dolores, alucinaciones,
convulsiones y necrosis que degeneraban en gangrenas en sus piernas y brazos. En
la época en que Grunewald realizó su obra existían unos 400 hospitales de
Antoninos en toda Europa y su influencia se mantuvo hasta la Revolución
francesa.
El Retablo, una
de las obras clave de la historia de la pintura occidental, es un políptico
monumental constituido de ocho paneles pintados, que evocan diferentes escenas
de la crucifixión de Cristo. La escena del panel principal ofrece una visión
mística y terrorífica de la Crucifixión. Cristo en la cruz esta rodeado de san
Antonio y de san Sebastián, dos santos invocados para aliviar dolencias. Su
cuerpo torturado, deformado por el dolor que representan los clavos y la corona
de espinas, dota la escena de un dramatismo tan fuerte que, durante siglos, los
enfermos lograban relativizar su propio mal imaginando los sufrimientos de
Jesús.
Otros paneles
representan la Anunciación, la visita de san Antonio a San Pablo el Ermita, la
agresión contra san Antonio con personajes diabólicos que recuerdan las
representaciones del Bosco, la Natividad, la Resurrección, la tentación de San
Antonio y el concierto de los ángeles, entre otros temas.
Recorrer el
centro histórico de Colmar es perderse en un laberinto de callejuelas y plazas
con fachadas pintorescas y edificaciones seculares. Una de estas casas es la
llamada Maison Pfister, construida en 1537, que combina elementos góticos y
renacentistas. También La Casa de las Cabezas, de 1609, de estilo renacentista
alemán, que exhibe una estatua de un tonelero concebida en 1902 por Auguste
Bartholdi, el autor de la Estatua de la Libertad de Manhattan. Es Bertholdi uno
de los hijos célebres de Colmar y su casa natal, en el número 30 de la Rue des
Marchands, acoge desde 1922 el museo que lleva su nombre. Además, podemos
visitar otras edificaciones históricas como la Casa Adolph (1350), el Mercado
Cubierto del 1865, construido con ladrillos rosados y armazón de metal o la
Vieja Aduana, un edificio de 1480 que servía de almacén y de centro de
recaudación de impuestos, convertido en sala de exposiciones y manifestaciones
diversas. Y en el centro del casco antiguo, la iglesia de San Martín, obra
maestra del gótico alsaciano, construida a partir del 1235 y reconstruida
después de un incendio en 1572.
La ciudad propone
un vasto muestrario de gastronomía local, siendo la famosa flammekueche,
una de las especialidades regionales de gran popularidad. Similar a una pizza,
pero con una masa mucho más fina y crujiente, existe en diferentes variantes cubierta
de nata, queso blanco, cebolla en rodajas, panceta ahumada, hongos y muchos
otros ingredientes según el gusto de cada cual.
También es
posible probar el baeckeofe, a base de tres tipos de carne (cordero, cerdo y
res), cocinado con vino blanco o la típica choucroute alsaciana con col y
derivados del cerdo. Sin olvidar entre los postres, los famosos panes con
especias, canela, clavo y miel (pain d’épice) y los kouglofs, un tipo de
brioche propia de la región, a la que se le añade un poco de ron y
corteza de limón, además de pasas y almendras.
A Colmar se puede
llegar en tren desde la Gare de l’Est (Estación del Este) de París
(aproximadamente 2 horas y media desde la capital utilizando este medio de
transporte), y luego recorrer la región gracias a una red ferroviaria que lo
comunica los diferentes pueblos alsacianos.
* Escritor
establecido en París


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