Entrevista al artista generativo Claudio Castillo Guerrero
Entrevisto al artista generativo cubano-americano Claudio Castillo Guerrero, sobre su trepidante vida y su, no menos, trepidante obra:
Ver el enlace en Cubanet: El
cambio para Cuba puede estar cerca, entrevista a Claudio Castillo Guerrero, por William
Navarrete
El cambio para Cuba puede
estar cerca
(El escritor William Navarrete entrevista al
artista Claudio Castillo Guerrero)
Conocí a Claudio Castillo hace unos cuantos
años cuando asistía a programas de Radio y Televisión Martí. También tuve
también la oportunidad de asistir a algunas de sus exposiciones artísticas en
Miami, pero la idea de que formara parte de esta serie de entrevistas se la
debo a Grace Piney, amiga entrañable y editora de mi primera novela en Madrid,
además de organizadora de los congresos del exilio “Con Cuba en la distancia”
que tuvieron lugar a principios de este siglo en la ciudad andaluza de Cádiz, en
donde ella residía entonces.
Una vez más, la historia de Claudio se
confunde con el periodo oscuro de la llegada del castrismo, el primer exilio,
las consecuencias del desarraigo y el hecho de haber perdido asidero en la
tierra en que sus antepasados habían construido un hogar sólido y contribuido a
la historia y al desarrollo económico del país.
Después de haber vivido en Nueva York,
Madrid, Málaga, Devon, Londres y Aix-en-Provence, Claudio Castillo se
estableció en Miami, ciudad en donde fijó su residencia desde hace más de
treinta años. Mejor que sea él mismo quien nos cuente sus peripecias, su obra y
las más de seis décadas vividas fuera de su país natal.
Cuéntanos de tus orígenes familiares
Mi padre, Demetrio Castillo Montalvo, nacido en Cuba, era alguien que tenía
grandes aficiones por el arte, la fotografía y el cine. No se llevaba muy bien
con su padre, de modo que éste lo había enviado a ocuparse de una colonia
agrícola que la familia tenía en Ciego de Ávila. El otro hermano, llamado
Joaquín, se ocupaba de la administración del central Habana, cerca del poblado
de Caimito. Este ingenio había sido propiedad del general de la guerra de
independencia Rafael Montalvo Morales y su esposa María de los Dolores Lasa
Río, que eran los padres de Dolores Montalvo Lasa, mi abuela paterna.
Mi abuelo paterno, Demetrio Castillo Pokorny, era hijo de una
polaca-americana llamada Paulina Pokorny y de un santiaguero llamado Demetrio
Castillo Duany. Fue el primer cubano que se graduó en la Academia
norteamericana de West Point (Nueva York) y estudió ingeniería. Demetrio
Castillo Duany, mi bisabuelo, había estudiado en Burdeos (Francia) y tenía
negocios en Nueva York. Fue uno de los líderes independentistas que estuvo
con Martí, Maceo y Máximo Gómez en una reunión, unos días antes de la muerte de
Martí, en la que pretendían organizar el mando político y militar del
levantamiento contra España. Aparece junto a Martí, Maceo y Máximo Gómez en un
retrato que se encuentra en el Museo Nacional de Cuba. Fue ascendido por Maceo
a general de brigada durante la guerra de independencia, coordinó por tierra el
desembarco norteamericano en Santiago de Cuba, el bombardeo de la batalla de
Santiago y estuvo presente en el traspaso de gobierno de España a Estados
Unidos en 1898. Ese mismo año, se convirtió en el gobernador de Santiago de
Cuba.
Demetrio Castillo Pokorny, mi abuelo, fue capitán ayudante del general
Enoch Crowder. Ocupó el cargo de Secretario de Obras Públicas bajo el gobierno
del presidente Alfredo Zayas y estuvo muy vinculado con la política cubana de
la época.
Todo esto tiene que ver con un hecho curioso relacionado con la familia y
es que por los méritos militares alcanzados en el momento de la guerra de
independencia le concedieron a mi bisabuelo (Castillo Duany) las tierras en las
que estaba la finca Sabanilla en Birán, en la región holguinera. Como a
él no le interesaba ocuparse de esto las dejó en arriendo, hacia 1915, a Ángel
Castro, un gallego que había sido soldado del ejército español contra los
mambises, y que había regresado a Cuba para instalarse en esa zona.
El caso es que, cuando Fidel Castro dijo, tras la ley de reforma agraria,
que iba a nacionalizar las tierras de su propio padre, a quien en realidad
estaba nacionalizando era a mi bisabuelo y a sus hijos. Mi padre contaba
que siendo él un adolescente, en el único encuentro que habían tenido, Fidel le
había propuesto cortar la vía del tren que atravesaba la finca para hacer que
los dueños de un central colindante, de propiedad americana, les pagara por
usar la propiedad. Mi padre se negó.
¿Y por tu lado materno?
Mi madre, María Luisa Guerrero Villalón, era hija de Fernando Guerrero
Messias, un granadino establecido en Cuba, y de Gloria Villalón, hija de José
Ramón Villalón, secretario de Obras Públicas durante el gobierno de Mario
García Menocal. Es famoso por el cañón de dinamita que inventó y que se
encuentra en el Museo Nacional de Cuba. Los conocí muy bien porque viví con
ellos en Madrid, en donde se instalaron después del triunfo de la Revolución,
porque mi madre falleció muy joven, en Nueva York, cuando yo tenía apenas tres
años de edad.
Mi abuelo materno había conocido los estragos de los comunistas durante la
guerra civil española. Entonces, cuando triunfó la revolución en Cuba se dio
cuenta inmediatamente de lo que iba a suceder. Por eso salieron enseguida para
Madrid. Los conocí porque cuando nos mudamos para la capital española los veía
todos los domingos.
Naciste en 1958 y me imagino que si sales muy
pequeño de la isla no tienes ningún recuerdo. ¿Puedes hablarnos de esto?
En efecto, nací el 15 de diciembre de 1958, en una clínica del Vedado y
vivíamos en ese entonces en una finca llamada El Atrevido, que quedaba cerca de
la localidad de El Cano, en los campos de La Habana, que era propiedad de mi
madre. Y, aunque no tengo recuerdos de Cuba, en mis primeros cuadros
pintaba paisajes tropicales muy cubanos.
La salida de Cuba, rumbo a Nueva York, fue el 28 de agosto de 1960. Salí de
dos años de edad con mis padres, y mis tres hermanos. Como dije antes, mi madre
falleció en enero de 1962. Cayó muerta al piso por un aneurisma, en el salón
del apartamento en un momento en que solo nos encontrábamos mi hermana mayor y
yo. Mi hermana pensaba que nuestra madre se había quedado dormida en el suelo y
cuenta que todo ese tiempo, hasta que regresó nuestro padre, estuvo impidiendo
que yo saliera del cuarto para que no la viera “dormida” así.
¿Tras el fallecimiento de tu madre se mudan a
Madrid?
Así mismo. Lo curioso es que la esposa de mi tío Joaquín falleció también
de lo mismo, en un lapso de tiempo breve, dejando también huérfanos a cuatro
hijos menores. Siempre he pensado que el estrés de la salida de Cuba y las
situaciones por las que pasaron nuestros padres con tantos hijos menores fue
una de las razones de la muerte de ambas.
El caso es que mi padre decidió que nos mudáramos a Madrid. Tenía un poco
de dinero de las últimas zafras, ya que era corriente tener cuentas en Estados
Unidos, y eso nos permitió vivir durante los primeros tiempos.
Una vez en España nos puso una institutriz inglesa, que yo tuve hasta los
nueve años y se casó por segunda vez con una señora llamada Margarita de la
Torriente. Por cierto, era la hija de José Elías de la Torriente Ajuria,
asesinado por motivos políticos debido a su Plan Torriente, en Miami en 1974;
sin que se sepa hasta ahora quién le dio el tiro mientras comía en la mesa de
su casa en Coral Gables, frente a su mujer.
¿Cómo fue tu primera escolaridad?
Mi primer colegio fue una escuela liberal en Madrid, que se llamaba Estilo;
en el que mis compañeros de clase fueron los hijos de Saura, Berlanga, Bardén y
muchos de los intelectuales de izquierda españoles.
En cuanto mi padre se casó nos enviaron a colegios internos. A mis
hermanos y a mí nos mandaron a uno que se encontraba en Málaga, el ACFI, luego
llamado Calderón, administrado por unos curas que habían sido misioneros de
Alaska. Allí estuve hasta los 15 años en que me enviaron a estudiar el final
del bachillerato, también internado, a Inglaterra, a la Battisborough School,
cerca de Plymouth, en Devon. Era una vieja casona victoriana en medio del
campo. A mi hermana la enviaron a un colegio en Francia, a uno de mis
hermanos a otro colegio en Inglaterra y al otro a uno en España.
Cuando terminé el bachillerato estuve un año viviendo en Francia, en
Aix-en-Provence, ya que quería aprender francés y, sobre todo, como mis
inclinaciones artísticas empezaron desde muy temprano, deseaba recorrer los
lugares que habían inspirado la pintura de Cézanne.
¿Llegaste a realizar estudios académicos?
Sí, después del año en Aix-en-Provence volví a Londres e ingresé en la
London International Films School y estudié dos años de pura técnica. Justo
cuando terminé los estudios de técnicas del celuloide fue que comenzó todo lo
digital. Vivía compartiendo piso con mi hermano Sergio que era baterista y
formaba parte de bandas de rock.
En esa época, después de estudiar en este centro, me sumé a la revolución
digital pues había conocido a alguien que estaba muy metido en todo lo que
tenía que ver con la animación por computación. Entonces abrí mi propia empresa
de videos en la capital británica y filmábamos casas que estaban en
venta. Aunque parezca inverosímil solo tenía el pasaporte cubano pues
nunca quise hacerme ciudadano español para no tener que pasar el Servicio
Militar que, entonces, era obligatorio y duraba 18 meses.
¿Te quedaste en Londres?
¡Imposible! Como dije, mis papeles no estaban en regla, España no
pertenecía entonces a Europa y mi residencia española no me autorizaba a vivir
en Inglaterra. De modo que un día la policía de inmigración tocó a mi puerta,
les enseñé los papeles de mi próspera empresa, me dijeron que todo eso era
maravilloso pero que estaba indocumentado y que, siendo mi única verdadera
nacionalidad la cubana, debía ser deportado a Cuba. Imagínate lo que hubiera
sido para alguien como yo salido de la isla a los dos años y sin ninguna
familia ni nada en aquel país.
¿Qué pasó entonces?
Salí huyendo de Londres en 1981 y regresé a Madrid. Mi hermano pudo
quedarse porque sí tenía los papeles en regla. Llegué a la capital española
justo en el momento de la movida, la transición y también del famoso golpe de
Estado que pude vivir casi en vivo porque el piso de mis abuelos quedaba cerca
del Congreso de los Diputados y fue allí en donde ocurrió el fallido golpe, un
23 de febrero del año de mi llegada.
En España intenté abrirme camino con todo el bagaje que había adquirido
durante mis estudios y mis experiencias profesionales en Londres. Entonces
traté de montar una empresa utilizando todo ese caudal de tecnología, pero me
di cuenta de que España seguía en la Edad Media y no estaban ni remotamente
preparados para dar el salto. En Televisión Española demoraron dos años en
recibirme y cuando lo hicieron y les presenté mi proyecto de animación a través
de computadoras me dijeron que eso era imposible y que parecía “brujería”.
Así y todo, pude hacer la animación para el Mundial de Fútbol de 1982
mediante computadoras que eran del tamaño de una nevera y el trabajo consistía
en una mezcla de recursos manuales y electrónicos. Al final, después de mucho
haber trabajado, ni siquiera me pagaron y fue, en ese momento, en que me dije
que no podía seguir viviendo en ese país.
¿Es cuando llegas a Estados Unidos y puedes
alcanzar tus objetivos?
Efectivamente, aunque no me acogí a ninguna de las leyes que daban asilo a
los cubanos. Utilicé más bien el reagrupamiento familiar por mi padre y su
esposa, que era norteamericana y vivían ya en Miami. Así pude instalarme en
Nueva York, a donde llegué en junio de 1983.
Con 25 años conseguí los inversionistas necesarios y monté una compañía con
sede en Park Avenue. Me creía el rey del mundo y todo funcionaba de maravillas
hasta que ocurrió el desplome bursátil de 1987 y las cosas empezaron a
desacelerarse. En ese momento, las computadoras gigantescas estaban cediendo
paso a las primeras PC. Les propuse a mis asociados ir a Inglaterra en donde se
encontraba la persona que las había inventado para empezar a importarlas por un
precio diez veces menor que las antiguas. Mis socios no quisieron implicarse en
mi proyecto, de modo que me fui solo, y cuando regresé ya había perdido mi
participación en la empresa y hasta le habían cambiado el cerrojo a la puerta
de la oficina.
¿Cómo encausaste entonces tu vida profesional?
Estuve un tiempo sobreviviendo con pequeños trabajos, hasta que llegó el
momento de la caída del muro de Berlín y me dije que el próximo país comunista
en caer sería Cuba. Me había mantenido toda la vida muy lejos de los temas
cubanos, talvez por mi juventud y por los tumbos que había dado en la vida. Fue
entonces que vi el anuncio de que estaban buscando productores para TV Martí en
Miami, una cadena de televisión federal que pretendía transmitir programas para
la isla. Apliqué inmediatamente, me investigaron durante año y medio, me mudé
para Miami y en 1992 estaba ya trabajando en la emisora.
El puesto era inicialmente para productor, pero cuando llegué me dijeron
que me olvidara de eso, que en realidad lo que necesitaban era un camarógrafo y
editor. Acepté y empezó mi larga etapa profesional en esta cadena.
¿Qué recuerdos tienes de TV Martí y de lo que
aprendiste allí?
Me reconecté con Cuba y, evidentemente, con el mundo cubano. Estuve 30 años
trabajando hasta que me retiré o me obligaron a retirarme.
Pude hacer varias cosas interesantes y, por citar algunas: las filmaciones
de casi todo el éxodo de los balseros en 1994, los campamentos de la base naval
de Guantánamo, las incursiones en avionetas de la asociación de Hermanos al
Rescate en que viajábamos con ellos para rescatar a los balseros. Recuerdo
también cuando cubrí para TV Martí el viaje de Fidel Castro a Roma y su
encuentro, el 19 de noviembre de 1996, con el papa Juan Pablo II y muchísimos
trabajos más en cumbres, encuentros y eventos de todo tipo por el mundo.
Como se sabe, la señal de TV Martí nunca llegó a la isla porque el gobierno
de Cuba gastó lo impensable para bloquearla. Fue hacia 2015 que se creó el
proyecto de hacerla entrar a través de memorias USB, que se repartían por todo
el país, y se empezó a proveer gratis internet sin censura. Se enviaban
diariamente las memorias y se repartían clandestinamente. Lo importante es que
logramos entrar la señal en Cuba, pero al final el gobierno norteamericano se
echó para atrás y paró el programa.
¿Regresaste alguna vez a Cuba?
Al territorio de la República de Cuba nunca, pero a la isla sí, pues estuve
unas cuatro veces en la base naval de Guantánamo. Me quise quedar allí porque
la idea era transmitir desde ésta, pero no me dejaron. Dijeron que había una
ley que impedía transmitir desde una base militar. Íbamos en avión, dando la
vuelta por Haití para no sobrevolar el territorio cubano. Allí vi por primera
vez los zunzunes y las iguanas más grandes que he visto en mi vida.
Ahora vamos a hablar de tu obra como artista. ¿En
qué momento empieza y cuáles fueron tus primeros pasos en este ámbito?
Pinté desde pequeño, exhibí a los 16 años acuarelas que representaban
paisajes cubanos. En 1979 tuve una gran exposición en solitario en la Galería
Bacardí de Miami estando como estudiante en la escuela de cine de Londres. Me
di cuenta de que, a pesar de haberlo vendido casi todo, no podía vivir de eso,
de modo que seguí de lleno en el tema de la animación.
Luego cuando me instalé en Miami salió la herramienta Flash de Adobe que
permitía separar una imagen en capas. Esto fue en 1995. Por primera vez se
podía separar una imagen y controlarla. Entonces, cogí una acuarela antigua
mía, la dividí en cuatro partes y animé cada una de manera independiente. Por
cada capa hice 32 animaciones. Empecé a deconstruir la obra y a reconstruirla
en programación. Y lo que se veía entonces eran combinaciones que nunca iban a
repetirse porque las combinaciones resultaban infinitas.
Luego, empecé a incluir los ciclos naturales de la Luna y las mareas
sincronizadas y la información del estado del clima, de las noticias y del
mercado de valores en tiempo real.
¿Cómo le llamas a este tipo de creación?
Arte Generativo, que es un arte autónomo que se genera a partir de unas
instrucciones que da el artista al ordenador.
Yo apelo a un sentido metafórico de “generatividad”: la capacidad de la
naturaleza de crear patrones infinitos que se repiten sin producir nunca
resultados idénticos. En la naturaleza encontramos procesos que generan formas
a partir de la interacción entre energía, materia y leyes como la gravedad o la
dinámica de fluidos. De estas interacciones surgen estructuras ordenadas a
partir de reglas simples: las olas, los remolinos de viento, las nubes.
Me interesa especialmente la teoría del caos, que describe cómo
sistemas dinámicos pueden producir patrones aparentemente hipnóticos e
impredecibles, como la llama de un fuego. La llama es un sistema dinámico en el
que la interacción entre energía, materia y flujo genera patrones en constante
transformación, donde el resultado nunca se repite exactamente.
Estas ideas están en la base de mi práctica artística: me interesa crear
obras que puedan generarse a sí mismas. A partir de patrones que se repiten,
introduzco variables externas que producen imágenes siempre cambiantes de ese
mismo patrón. A partir de este enfoque, incorporé sensores a mis obras. La
cámara, al captar movimiento, activas transformaciones visuales: efectos de
humo, niebla, destellos o fluidos, así como la aparición de formas como flores
o animales.
Con esa idea, hice una obra con la Virgen de la Caridad que ganó un premio
en 2008 en el Museum of Latin American Art (MOLAA) en Long Beach, California.
La obra se titula La aparición de la Virgen y en ella la Virgen aparece
cuando el sensor de la cámara detecta la presencia del espectador frente a la
obra.
Y, como sucede con toda mi obra, solo se puede ver una imagen una sola vez
en la vida porque cada visualización es única. Esta de la Virgen ha viajado
mucho y ha estado en muchos sitios, entre ellos en la Ermita de la Caridad en
Miami.
El ejemplo más conocido del arte generativo es una obra de Duchamp que
pertenece a la colección del MOMA de Nueva York y que la hizo con tres cuerdas
que caen y nunca lo hacen de la misma forma. La pieza se titula “Three standard
stoppages” y funciona gracias a la ley de la gravedad. En mi caso la
generación se produce gracias a programación informática.
Mi obra ha estado en exposiciones colectivas en el Museo de Arte
Contemporáneo en Shanghái (China) y en Taipéi (Taiwán). En este último sitio
traté de reflejar con la obra la situación climática real del lugar en donde se
estaba exhibiendo. La obra refleja la temperatura, humedad, viento y demás, en
tiempo real.
Luego hice una obra que se conecta al mercado de valores y otra, en 2009,
que mostré en el museo de Naples, Florida, que toma titulares y los primeros
párrafos de noticias reales provenientes de la BBC y le añade fragmentos de
diferentes discursos políticos. Esto fue una premonición de lo que luego hemos
conocido como “fake news”. Este tipo de arte permanece conectado todo el tiempo
a Internet y se actualiza cada determinados minutos.
Hace unos diez años, reflexionando sobre la importancia del tiempo en mi
obra, decidí incorporarle un reloj generativo que nunca se repite. La obra
refleja en tiempo real el tiempo y los ciclos de la marea, la Luna y el Sol. La
gente cree que mi obra son videos, pero es todo lo contrario porque no hay ni
principio ni final, todo cambia constantemente, sin repetirse y eternamente.
Ahora mismo tengo una obra, la más política que he hecho, titulada Bad Hombres vs the Realt Thing, que son cientos de posters de la década
de 1970 de Coca-Cola y cientos de posters de la revolución cubana, de
dictadores de izquierda y narcotraficantes que van mezclándose sin repetirse
nunca. El audio son frases de discursos de Fidel Castro intercaladas con
anuncios publicitarios de Coca-Cola. Esta obra se está generando constantemente
a la vez que se transmite por Internet, y cada vez que concluye una hora hay un
baño de sangre. Me parece que es la única obra de este tipo en el mundo, y
lleva ya tres años transmitiéndose.
En esta web cambio las obras, pero se van creando y transmitiendo en vivo;
están en la hora de Miami: www.claudiocastillo.art. La pieza que se transmite hoy forma
parte de una serie de relojes que se pueden ver en la web general de mi trabajo.
Mi idea de crear un arte “generativo” parte de mi preocupación por la
trascendencia humana y la permanencia de la obra del artista. Todos vamos a
morir, pero el arte trasciende el ciclo vital humano, sobrevive al
artista. Yo quería crear un tipo de obra que no sólo pueda conservarse invariablemente,
sino que incluso pueda seguir produciendo originales cuando el artista, yo en
este caso, desaparezca. Por eso que sea arte “generativo” tiene un matiz
añadido, no se limita a la producción de una instantánea inamovible. Y no sólo
es cambiante desde la interpretación del espectador; la obra cambia real e
instantánea y… eternamente. Esto nos conduce a la idea de una obra de arte que
está viva y a la reflexión sobre la inmortalidad.
¿Y con respecto al tema de la Inteligencia
Artificial?
La Inteligencia Artificial es una herramienta más de programación. He usado
la IA en las últimas tres obras que he hecho. La utilizo para generar procesos
técnicos que serían literalmente imposibles que pudiera hacer yo. No sustituye
mi creación como artista, ni es la IA quien “crea” la obra.
Usé la IA para generar imagenes que me era imposible crear de otra manera.
En los mosaicos, por ejemplo, la IA generó cientos de retratos al estilo de
famosos artistas retratistas del siglo XVIII como Hayward, Goya y otros. Hizo
en minutos lo que no hubiera podido hacer yo en años. En Celebreak
produjo el efecto de sonrisas (un filtro) donde no las había. En Curriculum
lunar generó cientos de animaciones a modo de lapsos de tiempo a partir de
imágenes fijas que me hubiera resultado imposible realizar.
Hay una dicotomía entre el arte generativo y la producción de imágenes
generadas por computadoras y aplicaciones. En el segundo caso, que no es el de
mi obra, es la computadora (una IA) la que crea la obra o resultado final. Esta
diferencia es algo que tiene que entenderse.
La IA es todavía un fenómeno reciente y limitado. Como herramienta y como
técnica, podrá producir cosas maravillosas, pero el arte requiere la
intervención, la intención y la emoción del artista.
¿Qué piensas de lo que está pasando ahora con el
tema cubano?
Estoy seguro de que el cambio para Cuba puede estar cerca.
Según el US South Command, ahora mismo hay drones estadounidenses sobrevolando y recopilando información en la isla, como hicieron en Venezuela. Eso es un indicador de que las acciones de EEUU con respecto a la dictadura castrista pueden ser inminentes. La guerra convencional ha cambiado para siempre, como vimos el 3 de enero en Caracas. De hecho, Estados Unidos ha anunciado el establecimiento de un comando autónomo, o sea: están usando drones y guerra cibernética, todo controlado por remoto. No me extrañaría ver robots militares patrullando el Malecón este verano.









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