Entrevisto a Teófilo de Luis Rodríguez - exdiputado español de origen cubano
Entrevisto al que fuera diputado español y una de las figuras clave de la España democrática para el Partido Popular Teófilo de Luis Rodríguez.
Enlace directo: Un políticoprofesional de origen cubano, por William Navarrete
(El
escritor William Navarrete entrevista al ex diputado español de origen cubano Teófilo
de Luis Rodríguez)
Me
encuentro con Teófilo de Luis Rodríguez en el Milford, un establecimiento de la
calle Juan Bravo de Madrid con una antigua clientela de habitués. Los
lazos familiares de la familia de Luis con los Larrinaga comenzaron en la Cuba
de principios del siglo pasado. Me acompaña su prima Margarita Larrinaga de
Luis quien creció y se ha mantenido muy cercana a Teófilo desde que vivieron en
Cuba en la década de 1950 y, después, durante los 65 años de exilio de ambos.
Desde
1995 y durante dos décadas y media Teófilo de Luis fue ininterrumpidamente diputado
del gobierno español y el único de origen cubano en el Congreso. En total, ocho
legislaturas que ha cumplido como un deber de ciudadano hacia España, sin despertar
quejas sobre sus funciones y con impecable desempeño.
También
desde su escaño y su posición contribuyó enormemente al tema de los derechos
humanos en Cuba y a proteger de las persecuciones y el acoso a muchos
disidentes de la Isla. Nuestra conversación fluyó con tono amistoso y cordial,
y las anécdotas que me contó, algunas más personales y otras que pueden leerse
en esta entrevista, merecerían un libro en que, ahora en que finalmente se ha
retirado, puede dejarlas como legado. Sobre todo, porque políticos honestos y
consagrados no son todos y, en su caso, tiene mucho que enseñar a quienes han
llegado después.
Cuéntanos
de tus orígenes
Mi
padre, Teófilo de Luis Sánchez, nació en Cienfuegos. Provenía de una familia en
que su padre, Teófilo de Luis de la Vega, era el menor de 13 hermanos
originarios de Infiesto, en Asturias. Su madre, Isabel Sánchez, era catalana.
Sus padres habían emigrado a Cuba como solía suceder en el siglo XIX, donde ya
se habían establecido otros hermanos que se dedicaban al comercio. Los cuatro
hijos de este matrimonio nacieron en esta ciudad del sur de Cuba y, al parecer,
las actividades comerciales a las que se dedicaba Teófilo de Luis de la Vega florecieron
porque, siendo aun joven, mi padre y sus otros tres hermanos (dos hembras y
otro varón) se trasladaron para La Habana. Allí mi abuelo paterno fundó la
fábrica de perfumes, cosméticos y jabones Luis y Compañía y la perfumería Astra,
que se encontraba en la avenida de Carlos III.
Mi
padre estudió en el colegio de La Salle y estando en esta institución conoció a
Alejandro Larrinaga Verano-Aguirre, quien era compañero suyo. Por eso, dos tías
mías, Isabel y Manuela, se casaron con dos hermanos Larrinaga (Severiano y
Alejandro respectivamente). Las familias Larrinaga y de Luis han permanecido
muy unidas por casi un siglo.
Mi
padre se casó con una ciudadana cubana, Mercedes Rodríguez Leal, nacida en
Madrid, e hija de Gabriel Rodríguez Collete, un criollo cubano que se había
educado en Bélgica y que regresó a La Habana después del nacimiento de sus
hijos. La madre de mi abuelo Gabriel se llamaba Marie-Catherine Collette Vergus
y era una belga de Lieja. Cuando falleció en La Habana en 1886, le hizo jurar a
mi bisabuelo, Alejandro Rodríguez Capote, que sus hijos se educarían en Europa.
Es ésa la razón por la que mi abuelo Gabriel estudió y vivió en Europa hasta su
vuelta a Cuba antes de iniciada la guerra mundial.
¿Tuvo
que ver la vuelta de tu familia materna a Cuba con los acontecimientos
vinculados con las tensiones políticas de España durante las primeras décadas
del siglo XX?
Mucho.
Mi abuelo, como dije, estudió en Europa y luego se fue a Extremadura para
trabajar en la explotación de una mina. Es allí en donde conoció a Ana Leal y
Leal, mi abuela, y se casaron. Se trasladaron luego a Madrid, donde vivieron en
la calle Velázquez. Mi abuelo era liberal y agnóstico, había estudiado en el
bachillerato francés, y cuando comenzaron los problemas políticos en España en
1931 decidió marcharse a París con su familia. En 1936, estando ya en la
capital francesa se enteraron de que los nacionales habían entrado a
Extremadura y que habían fusilado en la localidad extremeña de Feria a Rafael
Rodríguez Leal, hermano de mi madre, un estudiante de apenas 18 años de edad.
Como mi madre y sus hermanos tenían la ciudadanía cubana decidieron entonces
marcharse a vivir a la isla.
Por
otro lado, un hermano de mi abuela Ana, llamado Primitivo Leal, era sacerdote y
antes de que los nacionales entraran en Extremadura le pidieron que fuera a una
ermita donde se han refugiado personas contrarias a la República. Es allí donde
los republicanos le meten 12 tiros con una pistola de los que logra sobrevivir.
Cuando triunfó Francisco Franco llevaron a juicio a aquellos atacantes de la
ermita, y él pidió que los absolvieran a pesar de aquellos 12 balazos recibidos.
Es por
eso que yo digo siempre que en mi familia estamos en “tablas”. O sea, hubo
víctimas de ambos bandos. He mirado siempre con recelo lo de la ley de la
Memoria Histórica, porque casi todos en España tenemos recuerdos dolorosos.
Todo
este relato familiar ha sido clave en las ideas políticas que he defendido desde
siempre y defiendo todavía.
¿Tienes
recuerdos de tu infancia en Cuba y de la salida del país?
Nací en
La Habana el 20 de junio de 1952. Viví primero en el Vedado, y luego en el
reparto Kohly. Me mandaron a estudiar al colegio jesuita de Belén, en las
Alturas de Almendares y cerca del sitio en que vivíamos. Allí hice mi comunión.
En
cuanto triunfa la revolución de 1959 comenzaron las primeras expropiaciones. En
julio de 1960 mis primos Larrinaga de Luis habían salido ya del país rumbo a
Washington. En nuestro caso, mi padre se resistía a irse, entre otras cosas
porque todavía se pensaba que aquel régimen no iba a durar mucho y también
porque le daba pánico tener que enfrentarse a una nueva vida abandonando todo
lo que había construido.
Pero
sucedió que, en diciembre de 1961, mi tía Isabel de Luis viajó de Washington a
La Habana para asistir al entierro del tío Camilo, en realidad tío materno de
los Larrinaga Verano-Aguirre, el primero de esta rama en instalarse en la isla
y quien acababa de fallecer en la capital cubana.
Fue
durante ese viaje que mi tía Isabel habló seriamente con mis padres y les dijo
que tenían que mandarnos a mí y a mi hermano, a Estados Unidos, donde ya
estaban todos mis primos. Fue entonces que, tras convencerlos, salí de Cuba a
vivir con ellos, a la edad de 9 años y dejando a mis padres atrás.
Llegas
al exilio sin tus padres, pero rodeado de primos… ¿Qué sucede entonces?
Yo
estaba feliz con la idea de encontrarme con mis 9 primos. Además, era la
víspera de las Navidades de 1961 y creía que iba a pasarme un buen tiempo sin
tener que asistir a la escuela. Pero grande fue mi decepción porque apenas
llegado a Washington lo primero que hicieron mis tías fue enviarme al colegio
al tercer día de llegado. En realidad, solo viví en Estados Unidos un año y
medio porque en 1963 la familia decidió instalarse en España y viajamos todos a
Bilbao, primos y tíos, y en esa ciudad vasca pasamos el verano de aquel año.
Un mes
después, en septiembre de 1963, mis tíos terminan por instalarse en Madrid y a
mi hermano José Manuel a mí nos enviaron a estudiar como internos en el colegio
de los jesuitas en Valladolid. Mis padres seguían en La Habana y yo había
vivido aquellos dos años sin otro contacto con ellos que las cartas que me
escribía mi madre en unas hojas de papel cebolla muy finas (que conservo
todavía) y con una letra tan chiquita que, al cabo de un tiempo, dejé de leerlas
porque no las entendía.
¿Cómo
te sentiste en España?
Yo
estaba encantado. Imagínate, con ese ramillete de primos, lo pasaba de lo más
bien. Mi confort era el mismo que el de toda la tribu Larrinaga y siempre me
sentí como uno más.
Recuerdo
que fue un choque cuando llegamos a Bilbao con acento cubano y no siendo de
allí. Además, mis tíos se instalaron en Neguri, que era el barrio de la rancia
burguesía bilbaína, con lo cual muy inteligentemente mis tías decidieron que
todos los primos empezaríamos a vestirnos como los demás españoles de nuestra
edad, dejando atrás nuestras vestimentas y costumbres norteamericanas. Gracias
a esto no tuvimos ningún problema de integración y desde ese momento, aunque
nuestro estatus era el de “apátrida,” me sentí como un español más.
Ya en
1964, estando en Madrid y estudiando en el colegio de Valladolid, llegaron mis
padres de La Habana, después de tres años sin verlos. Imagínate el cambio. Yo
que vivía feliz con mis primos, de pronto me vi conviviendo con mis padres con
quienes había perdido la costumbre de estar.
Lo
primero que hicieron fue cambiarme de colegio y ponerme en el de San Agustín,
en la calle Padre Damián, en donde estudié hasta el final del bachillerato
junto con mi hermano, quien luego se convirtió en numismático profesional,
ámbito en el que ejerció hasta su fallecimiento, con 41 años de edad, en 1996.
¿Qué
formación profesional seguiste?
Estudié
Economía de Empresas en la Universidad Complutense de Madrid. De todos mis
compañeros de clases yo era el viejo prematuro porque era el más serio, tal vez
porque como exiliado sentía todo el peso de la responsabilidad para abrirme
camino en la vida. Allí conocí a personas fabulosas que influyeron mucho en mi
formación ética y moral, como mi amigo Javier Aznar.
Una vez
graduado empecé a trabajar en una empresa de artes gráficas que pertenecía a la
familia de un amigo. Al cabo de tres meses de estar en ésta otro amigo me propuso
incorporarme a la dirección financiera de otra empresa con sede en Toledo.
A la
vez me incorporé al Instituto de Economía de Mercado y aprendí mucho de
economía general con Pedro Schwartz Girón, político, economista y jurista que
vive aún, para quien trabajaban entonces en este Instituto mis primas Cristina
y Margarita Larrinaga. Este instituto era un think thank liberal fundado
en tiempos de la transición para promover ideas liberales en España con la llegada de la
democracia, y por ahí también pasaron liberales como Carlos Rodríguez Braun,
Francisco Cabrillo, José Raga, Joaquín Trigo, Juan Roig y Jesús Huerta de Soto.
Con Pedro Schwartz empecé a escribir
artículos para Selecciones del Reader’s Digest y conseguimos que la Televisión
Española pública comprara y transmitiera la serie de diez capítulos “Libertad
de elegir” del premio Nobel de economía Milton Friedman, a través de un
programa titulado Encuentros en libertad.
¿A
partir de este momento empiezas a codearte con el ámbito político español?
Efectivamente. Pedro Schwartz me dijo en 1982
que iba a incorporarse a las listas de la Alianza Popular, de Manuel Fraga,
quien en ese momento comenzó a unir las fuerzas políticas españolas de derechas
en una coalición con el Partido Demócrata Popular y la Unión Liberal,
procedentes de la Unión de Centro Democrático (UCD), algo que concluyó José
María Aznar luego con el Partido Popular.
Es en 1982
en que comencé como coordinador de la asesoría económica de esta Coalición
Popular fundada por Fraga y a establecer vínculos con Rodrigo Rato, José María Aznar,
Federico Trillo e Ignacia de Loyola de Palacio, entre otros. De este modo se
fue forjando mi compromiso político.
En las
convulsas elecciones generales de 1986, Miguel Herrero, diputado y uno de los
siete padres de la Constitución española de 1978, me propuso para coordinador
del grupo parlamentario en el Congreso y luego, en 1989, con José María Aznar
presidiendo el Partido Popular, me convertí en el secretario técnico del grupo
parlamentario.
Tengo
entendido que en 1995 eres elegido diputado, un cargo que has mantenido sin
mancha durante 24 años hasta el 5 de marzo de 2019. Cuéntanos de esta larga y
extraordinaria experiencia.
En 1995
hubo elecciones a la Asamblea de Madrid y entré en las listas como diputado,
accediendo en sustitución de Luis Eduardo Cortés Muñoz. Ya estaba casado con mi
esposa Teresa de Blas y tenía tres hijos. En 1996 ganamos las elecciones y me
mantuve como diputado desde la quinta legislatura hasta la duodécima, y como
secretario técnico del grupo parlamentario del Partido Popular a la vez hasta
2012. O sea, compaginé el puesto de diputado con el de miembro de la dirección
del grupo parlamentario durante 23 años.
En 2012
fui propuesto por Mariano
Rajoy para ocupar la Secretaría Cuarta de la Mesa del Congreso, cargo que
desempeñé durante la legislatura de última mayoría absoluta del Partido Popular
y desde 2016 como presidente de la Comisión de Seguridad Vial del Parlamento
hasta 2019, y antes presidente de la comisión mixta de relaciones para el
Tribunal de Cuentas.
¿Qué piensas
de la situación política actual y de la manera en que se están manejando estos
temas a nivel de los representantes de partidos y del Gobierno?
Siempre digo que
el sistema democrático actual es lo mejor que hemos tenido hasta ahora porque
otra cosa sería una dictadura. Ahora bien, durante todos los años en que serví
al pueblo español siempre me guió la capacidad de diálogo, de entendimiento y
de conciliación en favor de los intereses del país.
Sucede que muchos
de los elegidos hoy han perdido la vocación política en beneficio de los
intereses nacionales. Se olvidan que ganar en causas políticas individuales no
debe anteponerse al interés general. Que lo esencial es llegar a acuerdos para
que el país avance.
El deterioro de
la clase política hoy en día se debe a que los partidos no están identificando
a las personas con verdadera vocación. Y esto es muy peligroso porque se está
poniendo en juego la supervivencia del sistema democrático y dejando el camino
libre a una polarización absoluta.
Durante toda mi
carrera solo me interesó trabajar por el interés nacional, independientemente
de mis ideas políticas personales que siempre estuvieron presentes. De modo que
me considero un político profesional y lo digo con mucho orgullo.
¿Nunca
regresaste o te propusieron regresar a Cuba?
Estando de visita
en el Congreso antes de su viaje a Cuba, el rey Don Juan Carlos se sorprendió
cuando supo que yo era de origen cubano. Incluso se lo comentó a la Infanta
Cristina y llegó a sugerirme que lo acompañara en ese viaje, cosa que no
sucedió evidentemente. Luego, estando en la Mesa del Congreso, una compañera me
comunicó que habían recibido una invitación por parte del embajador de Cuba en
España para que un grupo de diputados visitara la Isla. Lo primero que le
pregunté fue si se había consultado previamente al Gobierno. Y luego le dije
que si aceptaba ir sería a condición de que pudiera reunirme con quien yo quisiera.
A las 48 horas de aquella propuesta, Jesús Posadas, presidente del Congreso, debió
informarse acerca de mis actividades en relación con la situación de la
disidencia interna en la Isla, pues me dijo: “Teo, mejor que no vayas”.
De ese modo, de
los nueve diputados que iban a ir en el viaje solo lo hicieron cuatro. Y yo,
por supuesto, no estaba entre estos cuatro.
De mi núcleo
familiar solo fueron una vez a la Isla mi hijo Borja, que lo hizo engañando a
mi padre que aún vivía y diciéndole que iba a República Dominicana, y mi esposa
Teresa. Al regreso del viaje, esta última me dijo que mirando La Habana desde
el balcón del hotel tuvo la sensación de que el país había sufrido un
bombardeo.
Sobre Cuba
quería preguntarte porque es conocida la labor que llevaste a cabo sobre el
tema de la denunciación de la situación política de la isla en el propio
Congreso español. ¿Puedes hablarnos de esto?
Fue mi prima
Elena Larrinaga de Luis, muy activa en esta causa, quien me pidió que
interviniese en el tema de Cuba ante el Congreso. El objetivo era dar la alarma
en el Congreso sobre la situación y defensa de los derechos humanos en la Isla
y la protección de la disidencia interna.
Esa pequeña
intervención mía servía de protección a muchos que en Cuba eran perseguidos o
acosados. Cada vez que me comunicaban un nombre y yo lo elevaba al Congreso
aquella mínima acción mía impedía que tocaran al disidente en Cuba. Y de ello
fui informado por los propios interesados cuando muchos de estos disidentes
perseguidos lograron después llegar a España.
También trabajé
en el seno de la Unión Europea y en España para que cesara la colaboración con
la dictadura castrista. Con información de los embajadores de Hungría, Chequia,
Polonia y Eslovaquia, respecto a la nueva posición de la Unión Europea, inicié
iniciativas en este sentido. Y consideré que para que las fuerzas de izquierda
se unieran a nosotros la única manera era invitándolos a que intervinieran a
favor de los sindicatos y de los derechos laborales de los trabajadores
cubanos, como se hizo en Polonia.
De este modo
invité a todos los portavoces de partidos españoles, y todos, excepto Podemos,
aceptaron que la iniciativa se llevara a Estrasburgo, en donde la presentamos
desde hace bastante tiempo y ha quedado pendiente de debate y sin avanzar.
Madrid, noviembre
de 2025.





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