Nuevo libro sobre Genealogia cubana: Matrimonios y descendientes de San Isidoro de Holguin

Agradezco a Grace Piney esta entrevista sobre mi nuevo libro de genealogías de Holguín publicado por la editorial UnosOtros en Miami. Presentación el 16 de enero a las 7 pm en el Koubek Center de Miami.

Ver enlace a El Nuevo Herald: De genealogías cubanas y un nuevo libro de William Navarrete



De genealogías cubanas y un nuevo libro de William Navarrete

Por Grace Piney

El escritor William Navarrete establecido en París desde hace más de tres décadas acaba de publicar en las ediciones UnosOtros (Miami), Matrimonios y descendientes de San Isidoro de Holguín, un segundo volumen de genealogías de Holguín, cuando esta ciudad del norte de la provincia cubana de Oriente no era más que un poblado y su parroquial mayor la única iglesia en kilómetros a la redonda.

En un volumen anterior titulado Primeras familias, poblado y ciudad San Isidoro de Holguín, publicado por este mismo editor en 2023, el autor investigaba, a partir de los matrimonios que tuvieron lugar en esta iglesia entre 1730 y 1763, los primeros pobladores y sus descendientes inmediatos. Esta nueva entrega es la continuación del estudio anterior y Navarrete nos lo cuenta desde París para este diario.

¿En qué se diferencia este libro del anterior?

Este nuevo libro arranca donde se detuvo el anterior, es decir, a partir de 1764 y se extiende hasta 1784. Son 20 años de matrimonios en Holguín, a los que añado los vástagos de cada pareja y los esposos y esposas de éstos, aportando datos como fechas de bautizos, defunciones e incluso de los matrimonios de los hijos.

Aunque en el libro anterior cubrí 34 años de casamientos y descendientes, el presente es igual de voluminoso (340 páginas) porque, aunque solo aparecen los 20 años posteriores a 1763, Holguín se había convertido ya en Ciudad y su población no cesaba de aumentar. Además, en esta segunda entrega incluí también a indios y pardos, que era como llamaban a quienes no eran blancos. 



¿Por qué tu empeño en dedicarte a un estudio tan engorroso y difícil de llevar a cabo desde lejos?

En Cuba la conservación de los libros sacramentales de las diferentes iglesias corre gran peligro. A las amenazas naturales y accidentes (huracanes, humedad, polillas, incendios), se suma el deterioro provocado por los escasos recursos para proteger este patrimonio, pero también la desidia de las autoridades gubernamentales y el enorme recelo del clero insular. El clero pone obstáculos para que no se digitalicen estos libros ya muy deteriorados y han preferido sellar muchos y dejar que se pierdan para siempre antes que permitir que se fotografíen o copien de forma digital. Muchos prelados desconocen como vive el mundo en el siglo XXI. Probablemente no saben que en muchos países de Europa (como Francia) este tipo de libros sacramentales se consulta y descarga vía Internet buscando en portales electrónicos gratuitos para cada archivo provincial y departamental.

Con la Ley de la memoria democrática (LMD) o “ley del nieto” decretada por el gobierno español para que descendientes de peninsulares accedieran a la ciudadanía española, muchos cubanos se lanzaron a la búsqueda de sus abuelos y bisabuelos españoles y descubrieron, con amargura, que este tipo de gestión es una tarea costosa, paciente y titánica. Quien lo dude puede empezar ahora mismo a averiguar quiénes fueron sus 16 tatarabuelos.

Durante años recibí decenas de correos, tanto de la Isla como del exterior, de cubanos desesperados por encontrar las certificaciones de sus ancestros, una especie de vellocino para adquirir la ciudadanía española y abandonar la Isla. A mí siempre me interesó este tema desde el punto de vista estrictamente histórico y genealógico, pero estos aspirantes a españoles indagaban por primera vez sobre sus bisabuelos con el único objetivo de conseguir un pasaporte para salir del calvario en que se convirtió Cuba.

¿Has contado con colaboraciones desde la isla para toda esa información?

La información la fui adquiriendo con los años. Son más de tres décadas acumulando datos. Me han ayudado dos colaboradores. Primero, el Dr. Manuel F. Díaz Álvarez, excelente genealogista que subsanó muchos de los errores que, por descuido o por sobrecarga de trabajo, podía cometer. Y en este libro en particular me ayudó a hacer una transcripción más exhaustiva de las fuentes originales Samuel Martínez Alcalá, quien también es genealogista e investigador establecido en Madrid.

Asimismo, conté con el apoyo de María Dolores Espino, académica cubanoamericana con quien ya publiqué un primer libro sobre un censo de Holguín de 1735. Ella consiguió, en su momento, mucha documentación necesaria para completar los datos de este nuevo libro.

¿Por qué Holguín?

Prácticamente toda mi familia paterna es holguinera, no así la materna que es habanera. Mis ancestros holguineros provenían de Jamaica y Bayamo (los Aguilera, Batista, Leyva, Garcés, Almaguer, Hechavarría, de la Cruz, Tamayo, Pupo, Velázquez, de los Reyes, Ricardo, de Ávila, Serrano, de Céspedes o González de Rivera); de Santiago de Cuba (los Zaldívar, Losada, Reina, Chirino, Suluaga o Marrero); de Baracoa (los Rojas y Bravo) o de Puerto Príncipe (Góngora, Pacheco, Parada, Ferral, Márquez, Balmaseda o Gómez de Figueroa) durante los siglos XVII y XVIII. Otros se iban incorporando con el tiempo a la población de la región, provenientes de España (como los Ochoa, Almira, Navarrete o Jorge), de Francia (los Sablon y Pagines) o de Santo Domingo.

El poblamiento de Holguín es muy curioso porque a los taínos originales se sumaron los primeros pobladores que venían de Bayamo en un momento en que, hacia 1660, España había perdido la colonia de Jamaica y muchos españoles de esta isla se vieron obligados a mudarse para Bayamo y Santiago de Cuba, las dos ciudades más cercanas a la colonia arrebatada por los ingleses. No pocos apellidos que forman una cepa holguinera provenían originalmente de aquellos jamaicanos exiliados, como los Pupo (originalmente Ponce de León), los Hechavarría, los Almaguer, de la Torre o Leyva, entre otros que sospecho lo son también, pero los archivos españoles de Jamaica, si los hubiere, no sabemos en dónde se encuentran. 

¿Habrá otros libros?

Mi objetivo es llegar hasta finales del siglo XIX. Labor muy encomiable que tal vez no logre terminar, entre otras razones porque escribo muchos otros géneros y estoy trabajando siempre en dos o tres libros que no tienen nada que ver con la genealogía. Me gustaría que el tercero cubriera de 1785 hasta 1808 que es donde termina el tercer libro de matrimonios de la iglesia San Isidoro de Holguín.



 


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