Paseo por el Pays d'Auge normando - El Nuevo Herald

Un paseo por el Pays de l'Auge normando en El Nuevo Herald:

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Un paseo por el País del Auge normando

William Navarrete*

El llamado “País del Auge” es un territorio que abarca partes de los departamentos franceses de Calvados y el Orne (en Normandía) y un territorio en el interior de la llamada Costa Florida, entre Honfleur y Cabourg, pasando por Deauville. Esta región costera es conocida por sus acantilados, farallones y grandes playas a orillas del canal de La Mancha.

Me instalé en Villers-sur-Mer que, como su nombre lo indica, se encuentra a orillas del mar. Se trata de una ciudad balneario creada a mediados del siglo XIX, casi al mismo tiempo que las vecinas de Trouville, Cabourg, Houlgate y Deauville. En tren desde París se puede llegar a Deauville y luego conectarse gracias al TER o tren regional con los restantes pueblos costeros.

A menos que recurramos a una agencia de viajes que organice los circuitos de visita del interior de la costa, lo ideal es alquilar un auto para disfrutar sin contratiempos de tiempo y horarios de los numerosos pueblos y sitios de interés de la campiña normanda casi siempre bastante cercanos de la costa.

Empecé mi recorrido por Pont l’Evêque (en francés Puente del Obispo), un pueblo que ha sido desde épocas medievales la capital del célebre queso de ese nombre y epicentro comercial de la zona. A ambos lados de la calle principal podemos contemplamos muchas casas típicas normandas con vigas aparentes de madera, así como palacetes que son la sede hoy en día de la biblioteca, los archivos y el tribunal. Sobresale la iglesia San Martín, que perdió sus vitrales originales y quedó muy dañada durante los bombardeos aliados de la Segunda Guerra Mundial, y del otro lado, el teatro La Concorde construido en 1872.

Vale la pena husmear en las diferentes tiendas de comestibles (pastelerías, panaderías, queserías y carnicerías) del pueblo para descubrir y, por qué no, probar, el fabuloso patrimonio gastronómico local. Escogí el restaurante La Clé de Sole por estar especializado en gastronomía normanda y proponer un menú íntegramente elaborado por su chef que cambia cada semana. A pocos metros de éste, la Quincallería (Droguerie) Durand abrió sus puertas en 1920 y, desde entonces, ofrece un sinfín de productos auténticamente franceses que ya casi nunca solemos encontrar en las tiendas de París.

La Oficina de Turismo de Pont l’Evêque pone a disposición de los visitantes folletos que explican el circuito de pueblos aledaños muy pintorescos como el fotogénico Beaumont-en Auge o el de Pierrefite-en-Auge en el que podemos ver varias casas normandas de techos de juncos (la famosa chaumière) propia de los campos de la zona. Visité Blangy-le-Château, a pocos minutos de allí, que ha sido añadido a la lista de “pueblos más hermosos de Francia”, y a unos diez minutos de éste, Bonneville-la-Louvet conocido por su imponente iglesia del siglo XIII con torre campanario maciza que se asemeja más a un torreón fortificado medieval que a un campanario de parroquia.

En Manneville-la-Pipard, una pequeña aldea de casas dispersas que se encuentra a un costado de la carretera que comunica Deauville con Lisieux, es posible hacer una pausa gastronómica en el restaurante, bodega y tienda de productos artesanos Les Comptoirs de Pierre (previa reservación).

La región se caracteriza por la elaboración de sidras y otros derivados de la manzana. Cambremer, otra aldea rural a 21 km al oeste de Pont l’Evêque, rodeada de manzanares, es la capital de la sidra. Diferentes fincas que la produce proponen la visita y degustación como la destilería de Pierre Huet. A poca distancia del centro de Cambremer se encuentran los Jardines del País de Auge, a lo largo de 4 hectáreas, considerados como los más hermosos de Normandía y creados en 1994 por sus propietarios actuales con el objetivo de valorizar el paisajismo. Estructuras propias de la arquitectura local (pozos, cobertizos, fuentes, abrevaderos, establos, entre otros) fueron integrados al paisaje, y en ocasiones traídos de otros lugares para ser restaurados e recrear el ambiente auténticamente normando.

Ya más al oeste del País de Auge visité el muy fotogénico pueblo de Beuvron-en-Auge, del que sobresale su antiguo mercado en medio de la plaza rodeado de casas con entramado aparente de madera propias de la región, restauradas con mucho gusto y destinadas a acoger tiendas, cafés y otros establecimientos gastronómicos. A la salida del pueblo, Au Pressoir Gourmand es una tienda especializada en cidras, jugos y licores normandos entre los que figuran el muy apreciado aguardiente de manzana o calvados (que le da nombre el departamento) y el célebre pommeau, que se obtiene a partir de una mezcla de mosto de manzanas y calvados, y se consume como aperitivo.

De vuelta a la Costa Florida emprendí la visita de Houlgate, pueblo al este de Cabourg, caracterizado por sus innombrables villas construidas entre finales del siglo XX y la Belle Epoque. Detrás de la alcaldía, la Oficina de Turismo ofrece un mapa detallado de las casonas más relevantes con un itinerario a través de los barrios del pueblo.

Para quienes deseen quedarse en Villers-sur-Mer será posible recorrer con la marea baja toda la playa hasta la vecina Houlgate. Es la única manera de contemplar y visitar el acantilado de “las Vacas Negras”, llamado así por las formaciones rocosas que, con el tiempo, se fueron desprendiendo de los acantilados y barrancos. Con la marea baja, estas rocas con algas marinas adheridas a la superficie, parecen, si las contemplamos desde el mar, un rebaño de vacas pastando en la orilla.

Villers-sur-Mer es la estación balnearia de quienes no desean convivir con la clientela de la colindante Deauville, esencialmente constituida de parisinos, al punto que se le llama muchas veces “el distrito XXI de París”. En cambio, en Villers el ritmo local es pausado, hay una población local, y existen comercios típicos como la asombrosa charcutería y proveedor de platos preparados Blavette que fabrica sus propios flanes normandos, tartas, quiches y proporciona una amplia gama de quesos, embutidos y vinos. Un paraíso para los gourmets del mundo entero y para los nostálgicos de este tipo de establecimientos que han ido desapareciendo de la capital francesa.

Para terminar con la visita de la región, me di un breve salto a Cabourg, en donde se pueden rememorar las páginas de las novelas de Marcel Proust. En éstas el balneario aparece mencionado como Balbec y el escritor pasaba largas temporadas en el Grand Hotel acompañado de su abuela. Desde allí observaba con su peculiar ojo la vida y costumbres de los huéspedes, en su mayoría nobles y notables de principios del siglo XX. El público ha cambiado muchísimo desde entonces y el hotel ni hablar, pero algo de aquella atmósfera a orillas de la gran playa persiste más allá de las transformaciones y la modernidad.

Normandía, tierra literaria por excelencia, será siempre una excelente opción para quienes viajan a París y desean descubrir un poco de la Francia de provincias que describen tan bien Maupassant y Flaubert en sus novelas.

* Escritor establecido en París

 




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