Viaje al Monte Athos (primera parte)
Les cuento en El Nuevo Herald mi viaje a la República monástica del Monte Athos, uno de los paises más curiosos del mundo
Viaje a la
República monástica del Monte Athos (Primera parte)
William
Navarrete*
De los muchos
países que he visitado la República monástica y teocrática de Monte Athos es,
por así decirlo, el que más me ha sorprendido y el más inaccesible también. Se
encuentra en la península griega de Calcídica, exactamente en una de las tres
lenguas de tierra que se adentran en el mar Egeo, al sur de la ciudad
greco-macedonia de Salónica.
La República de Monte
Athos (Agion Oros o Montaña Sagrada en griego) fue fundada en el año 963 dC por
el emperador bizantino Basilio II y la construcción de su primer monasterio,
llamado el Gran Laura, data de ese periodo. Desde entonces, este territorio de
335 km2 ha permanecido aislado del resto de Grecia hasta el día de
hoy.
El territorio del
Estado teocrático está separado de Grecia por una valla o cerca metálica de 10
km que impide el acceso por tierra. El único acceso es por mar viajando en
barco desde el pequeño pueblo griego de Uranópolis, a escasos minutos de la frontera.
Varias compañías navieras garantizan la comunicación con Dafni, el puerto
principal de Monte Athos, a donde llegan los ferris y otras embarcaciones, unas
más rápidas que otras. El viaje más corto dura una hora.
Al Monte Athos
las mujeres, vengan de donde vengan no pueden entrar e, incluso, se prohíben
los animales femeninos, excepto las gallinas, cuyos huevos utilizan los monjes
para la elaboración de los pigmentos con que pintan sus iconos. Se trata de una
ley muy antigua puesta en vigor desde la fundación misma del Estado. Esto
significa que en el Monthe Athos solo viven hombres (en su mayoría monjes
ortodoxos de diferentes nacionalidades) y a él solo entran visitantes o
peregrinos también del sexo masculino.
Los interesados
en visitar este atípico país deben obtener una especie de salvoconducto llamado
“diamonitirion” en griego que cuesta 30 euros. En general, se solicita con seis
meses de antelación y hay que explicar los motivos de la visita. Se debe
escribir por email a la oficina de peregrinos o personarse en la única que
existe fuera del Estado, en la ciudad griega de Salónica. Monte Athos solo
acepta a 100 peregrinos ortodoxos y a 10 cristianos por día, y la estadía se
limita a tres días, con posibilidad de prorrogar tres más una vez in situ.
Solicitar el permiso, no garantiza su obtención ni tan siquiera una respuesta.
2500 personas, entre monjes y el personal que trabaja para ellos, viven en este
territorio, que, por otra parte, está exento del cumplimiento de ciertas leyes,
tanto de Grecia como de la Unión Europea.
Había perdido
toda esperanza de poder entrar al Monte Athos ya que no había solicitado el
permiso con antelación. Organicé mi viaje a la Macedonia griega (la única
verdadera e histórica Macedonia) junto con Pierre Bignami, mi coautor de libros
de viajes relacionados con la historia, el arte y la gastronomía locales que
escribimos y publicamos en francés desde hace unos cinco años.
Visitando la
ciudad de Salónica y sus numerosas iglesias bizantinas pasamos por casualidad
delante de la Oficina de peregrinos del Monte Athos, sita en la avenida
Egnatia, en el centro de esta importante ciudad portuaria griega. Nos miramos.
¡Con intentarlo no perdíamos nada! Decidimos entrar en la casona, en cuyo gran
salón hay una tienda donde venden los diferentes productos fabricados por los monjes
en sus veinte monasterios y quince “skites” (o sitios de ermitas) de la
república monástica. Al final de la planta baja, en una pequeña oficina, un
funcionario del Estado monástico, nos recibió sentado delante de un viejo
ordenador. Era el encargado de tramitar los permisos.
Nos preguntó qué
días deseábamos ir y, para sorpresa nuestra, al comunicarle los únicos disponibles
que nos quedaban, nos dijo que había cupo. Tomó nuestros pasaportes, nos
inscribió y nos explicó que solo podríamos retirar el permiso oficial a primera
hora de la mañana en que viajaríamos, en la oficina de peregrinos del pueblo de
Uranópolis que es desde donde zarpan los barcos. Allí pagaríamos, obtendríamos
el permiso material y con éste en mano nos dirigiríamos a una de las agencias donde
venden los boletos. También nos extendió una hoja en griego con los teléfonos y
correos electrónicos de unos veinte monasterios y “skites” pues, otra de las
particularidades del Monte Athos, es que no hay hoteles ni posibilidad de alojarse
en otro sitio que no sea en los que viven los monjes.
Empezó entonces
una carrera contrarreloj para encontrar tres monasterios que nos aceptaran.
Para ello escribimos a prácticamente todos los que aparecían en la lista y la
mayoría de las respuestas recibidas (cuando recibimos alguna) fueron negativas.
Unos afirmaron que estaban de obras y otros que no tenían cupo. Al final, solo
tres respondieron positivamente, a condición de que nos quedáramos solo un día ya
que ningún monasterio permite que los peregrinos pernocten más de una noche.
Por suerte, como teníamos unos diez días para organizar el viaje, pudimos
visitar otros pueblos y sitios arqueológicos de la Macedonia griega, haciendo
tiempo hasta que llegara el día en que llegaríamos a Uranópolis.
Para personarnos
en la oficina de peregrinos de Uranópolis a las 7 de la mañana y obtener el
famoso “diamonitirion” tuvimos que dormir en el pueblo. Solo con este salvoconducto
en mano se puede comprar el boleto de barco. Tanto las agencias como la policía
griega piden el permiso acompañado del pasaporte en el momento de embarcar.
Por suerte, Uranópolis
es un pueblo agradable con playas pintorescas, tabernas y restaurantes de platos
tradicionales. Quienes no desean o no pueden viajar al Monte Athos existe la
posibilidad de reservar un crucero que realiza el bojeo de la península para
ver desde altamar algunos monasterios (como los de San Panteleimonios y el de Xenofontos),
aunque ninguno de los cruceros puede atracar en los muelles ni acercarse mucho de
la costa.
Fue así como a la
mañana siguiente de nuestra llegada a Uranópolis, nos levantamos a las 6 am,
hicimos la cola junto a los 110 peregrinos aceptados por día, pagamos los 30
euros, nos dirigimos a una de las agencias del puerto para comprar el boleto y zarpamos
temprano desde el muelle en uno de los barcos rápidos que, haciendo escala en
tres monasterios del Monte Athos, terminó por dejarnos en el puertecillo de
Dafni donde comenzó nuestra estancia de tres días en este asombroso país.
Nuestra peregrinación será el tema de la próxima crónica.
* Escritor establecido en París


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