Entrevista al coleccionista y asesor financiero Rafael Miyar Riamonde / por William Navarrete

Entrevisto al banquero y asesor financiero cubano Rafael Miyar Riamonde. Ver en CubaNet:

Entrevista a Rafael Miyar Riamonde / por William Navarrete 

“Volver a Cuba después de tantos años ausentes es una clase de arqueología”

(El escritor William Navarrete entrevista al banquero y asesor financiero Rafael Miyar Riamonde)

Conocí a Rafael Miyar y a su esposa Marijean muy a principios de este siglo, cuando fundé en París una asociación de tema político y cultural relacionado con Cuba, y ellos inmediatamente se hicieron miembros. Entonces coincidimos en muchos sitios, siempre en Miami, a donde viajaba en aquel tiempo para hacer presentaciones o llevar a cabo campañas que tenían que ver con el contenido de la asociación.

Hacía algún tiempo que no nos veíamos y este verano nuestra amiga común, María Bechily, tuvo la fabulosa idea de organizar una cena en su casa e invitar a amigos que había perdido de vista como Rafael y Marijean. En ese momento, no sólo nos pusimos al día sino que nos pusimos de acuerdo para llevar a cabo este intercambio de preguntas y respuestas que ahora me complazco en compartir con los lectores de esta serie de entrevistas a exiliados cubanos que nacieron antes de 1960 y que, como el ave fénix, tuvieron que renacer en todos los sentidos en su nueva tierra de adopción.

Rafael Miyar (primer comensal a la izquierda) durante la cena 
en que nos reunimos en casa de María Bechily

Cuéntanos de tus orígenes familiares

Mi padre, Rafael Miyar López, nació en La Habana. Estudió derecho, pero nunca ejerció la abogacía pues comenzó su vida laboral trabajando para la Standard Oil y la Compañía Cubana de Petróleo. Luego, con un grupo de socios, creó su propia empresa, Havana Oil Company, dedicada a la distribución de gasolina y otros derivados del petróleo en las estaciones y tiendas del país, con oficinas en la calle Aguiar, en La Habana Vieja. A mi abuelo paterno no lo conocí pues falleció cuando yo tenía 2 o 3 años, pero sí a Ana López, su esposa. De hecho, cuando nos fuimos del país ella se quedó y murió allá, en donde también quedaron los dos hermanos y las tres hermanas de mi padre, que nunca abandonaron Cuba por acompañar a la madre.

Mi madre, Olga Riamonde Blanco, nació en Nueva York, hija de padres cubanos. Resultó que el padre de mi abuela materna, Patricio Blanco Verard, había estado muy implicado en el movimiento de independencia cubana contra España y tuvo que exiliarse en Tampa con su familia. Cada vez que su esposa iba a dar a luz, él la enviaba a La Habana para que todos los hijos nacieran en Cuba. Es por eso por lo que mi abuela, María Teresa Blanco Acosta, nació en la Isla, aunque se educó en Tampa y Nueva York.  Eso explica tal vez su predilección por los Estados Unidos. De regreso en La Habana mi abuela fue telefonista y trabajaba en el hotel Sevilla-Biltmore, en el Paseo del Prado, ya que hablaba perfectamente inglés y español. De hecho, fue en ese lugar en donde conoció a mi abuelo, Ramón Riamonde Edesa, un gallego establecido en el país, y cuando este le propuso matrimonio ella lo aceptó con la condición de que se fueran de Cuba a vivir en Nueva York. En estas circunstancias mi madre y su hermana Renée nacieron después en Nueva York. Como anécdota curiosa puedo contar que mi abuelo trabajó para el City National Bank donde años después yo comencé mi carrera en el sector de la banca.

Rafael Miyar en su casa en La Habana

Y tú, ¿dónde naces y qué recuerdos tienes del barrio de tu infancia?

Nací en La Habana en 1947 en la Clínica Miramar. Vivíamos con mis abuelos maternos en lo que se llamaba Ampliación de Almendares, en la avenida 13 entre las calles 74 y 76, frente al cine Metropolitan. Allí todavía está en pie nuestra casa, bastante conservada, por cierto. Luego, mis abuelos construyeron un edificio en la calle 80 del mismo barrio y nos mudamos para allí hasta nuestra salida de Cuba.

Cuéntanos de tu primera escolaridad en Cuba

Empecé el kínder en un colegio bilingüe que quedaba en la misma calle de la casa llamado Colegio CIMA. Empecé a los 3 años porque mi madre era muy amiga de la directora. Poco después decidieron enviarme a la Havana Military Academy (HMA), una escuela que mi madre escogió porque un día de agosto, paseando por la calle Galiano, vio en las vidrieras de la tienda El Encanto la exhibición de los uniformes de las escuelas cubanas y de todos fue el de aquella academia el que más le gustó.

La HMA quedaba en el reparto Biltmore. Me pusieron en el régimen de medio pupilo, y pasaba todo el día en la escuela, almorzaba allí, pero al final de la tarde regresaba a la casa. Los profesores eran todos laicos y los cadetes le llamaban jocosamente a la escuela “Hambre, Miseria y Angustia”, basándose en sus siglas, aunque en realidad no recuerdo que se comiera mal allí. ¡Aunque por ser gordito me pusieron en la mesa de dieta algo que me traumatizó para el resto de la vida!

Rafael Miyar con sus padres en Cuba

¿Qué pasó después del 1 de enero de 1959?

El primer año después del triunfo revolucionario lo pasé en la HMA, pero ya se pensaba que iban a nacionalizar las escuelas. En el verano de 1960 me encontraba de vacaciones en Miami Beach con mi abuela que había venido a visitar a su hija Renée. A mi regreso encontramos que la HMA había sido intervenida y mi padre removió cielo y tierra para conseguirme un colegio donde cursar el bachillerato. Al final, pudo enviarme al colegio de Belén. En realidad, solo estuve tres meses ya que la situación del país empeoraba cada día y ellos tomaron la decisión de enviarme a Miami. Tenía 13 años cuando salí de Cuba en noviembre de 1960. Mis padres no salieron hasta dos años más tarde, pues conservaban la esperanza de que todo volviera a la normalidad.

¿Cómo fueron tus primeros años en el exilio y la continuación de tu escolaridad?

Como te dije, viví primero con mi abuela en la calle 4 y la avenida 8 del SW, en lo que se conoce como la Pequeña Habana. Me pusieron en el colegio público mixto, lo cual me pareció otro mundo para mí pues hasta la fecha solo había estudiado en escuelas de varones.

Cuando mis padres llegaron nos mudamos para la calle 6 y la avenida 12 del mismo barrio. Empecé a estudiar el bachillerato en el Miami Senior High School por donde tantos jóvenes cubanos pasaron y que todavía existe en la avenida 24 y la calle 1ª. del SW, casi dando para Flagler. Se trata del bachillerato más antiguo de la ciudad, fundado en 1903 y los edificios que vemos hoy, concebidos en ese estilo propio del sur de la Florida que llaman “mediterráneo”, datan de 1927.

Rafael Miyar con el uniforme de la Havana Military Academy

¿Decides cursar estudios académicos?

Lo primero que hice cuando terminé en el Miami Senior High en 1963 a los 16 años fue inscribirme en el Miami Dade College pues era lo más económico para mí. Allí estudié durante dos años y después di el salto a la Universidad de Miami (UM). Quería estudiar algo relacionado con la diplomacia y las relaciones internacionales, pero mi estatus de inmigrante cubano no me permitía aspirar a tanto y me conformé con empezar Administración y Finanzas.

Empecé en la UM y estando allí me enteré de que la Universidad de Thunderbird, en Phoenix, Arizona, se especializaba en carreras internacionales. Entonces decidí hacer mi posgrado allí y lo terminé en 1968.

Empiezas entonces tu carrera profesional…

En efecto, pero no en Miami, sino en Nueva York. Deseaba alejarme del ámbito familiar pues en aquel momento mis padres se habían divorciado y mi madre había quedado muy afectada con la partida de mi padre a Puerto Rico. Necesitaba hacer mi vida e independizarme completamente, y eso hice.

Conseguí un trabajo en el Citibank (entonces llamado First National City Bank), pero no me quedé mucho tiempo porque no me gustó en realidad. Yo compartía piso con John Harriman, un amigo anglo-peruano con quien había cursado estudios en Thunderbird y él trabajaba para el Bankers Trust Company, un banco con un perfil que me gustaba más. Fue en ese momento, en enero de 1969, que empecé el programa de entrenamiento para el departamento internacional de esa institución. Esto me llevó después de 18 meses a la división de América Latina. Como había estudiado portugués en la Universidad, tenía el dominio de las tres lenguas esenciales para ocuparme del sector latinoamericano.

Rafael Miyar el dia de su graduacion en la Universidad de Miami

¿Te quedas en Nueva York?

Fue en esta ciudad en donde conocí a Marijean Collado, mi esposa. La historia es muy divertida porque en realidad había viajado a Miami para asistir a la boda de un primo cuando una amiga, haciendo el papel de celestina, me quiso presentar a Marilyn Moll, quien tenía planes de mudarse a Nueva York con dos amigas, Beatriz Martínez Barraqué y Marijean Collado. Marilyn me llamó cuando se instalaron y quedamos en vernos. Nos vimos y reconozco que quien me interesó desde un principio realmente fue Marijean.

Entre tanto, me fui a Europa de vacaciones y cuando regresé me encontré con que mi amigo John se había empatado con Beatriz, que Marilyn había regresado a Miami y que Marijean se había quedado en Nueva York. Aunque los padres de Marijean eran cubanos ella había nacido en Nueva York y había vivido en esa ciudad hasta los 6 años, antes de que regresaran todos a La Habana. Lo más curioso es que ella salió de Cuba rumbo a Miami en 1961, y que estudió en el Miami Senior High School, en la misma época que yo, pero nunca coincidimos.

Entonces se casaron…

Bueno, en realidad empezamos un noviazgo que duró tres años hasta que nos casamos en Miami, en 1972. Volvimos a Nueva York en donde Marijean terminó su posgrado de Historia del Arte y comenzó a trabajar en Wildenstein & Company, la galería de arte más prestigiosa en Nueva York en ese momento. En 1974, el banco me propuso ocuparme de las oficinas en México, un país en donde viví diez años, hasta 1983, y en donde nacieron Natalia, Claudia y Alejandro, nuestros tres hijos.

Cuando te conocí ya eras conocido como coleccionista de arte y vivías en Miami. ¿Puedes contarnos cómo empezaste a interesarte en las artes plásticas?

Cuando nos casamos usamos el regalo de mi padre para comprar las dos primeras obras que tuvimos, una litografía de Rufino Tamayo y otra de David Alfaro Siqueiros. Estas fueron las primeras obras de arte que adquirimos. Como ya dije, Marijean había estudiado Historia del Arte y su interés era determinante en todo lo que, a partir de ese momento, empezamos a adquirir.

Ya en México conocimos a Isaac Salinas, un cubano que vivía allí y cuyo hermano, Baruj Salinas, era pintor. Compramos entonces un cuadro de Baruj, que vivía entonces en Barcelona, de modo que fue el tercer artista de nuestra incipiente colección. Poco a poco fuimos conociendo a artistas cubanos contemporáneos de la Generación de 1980 con quien entrábamos en contacto primordialmente a través de la galerista cubana establecida en México Nina Menocal, a quien tú entrevistaste. Ella nos presentó a Rubén Torres-Llorca y así fue como empezamos a adquirir obras de artistas jóvenes y continuamos haciéndolo cuando vinimos a vivir a Miami en 1983.

Rafael y Marijean Miyar

¿Por qué decidieron coleccionar artistas contemporáneos en vez de académicos?

Además de dar prioridad a los contemporáneos como una forma de apoyarlos en su carrera, pensamos también que con el arte académico cubano y las primeras vanguardias sucedía que nunca se sabía si eran auténticos o simples falsificaciones.

De los pintores anteriores compramos, por ejemplo, obras de José María Mijares, pero como sabes vivía exiliado en Miami en donde falleció en 2004. También empezamos a coleccionar a Carlos Alfonzo, también fallecido en 1991, pero había desarrollado toda su carrera en el exilio. La colección fue adquiriendo forma y la enriquecimos con piezas (incluyendo fotografías) de Gustavo Acosta, Abelardo Morell, Carlos Estevez, Glexis Novoa, Tomás Esson, María Martínez-Cañas y nuestro gran amigo Humberto Calzada entre otros. La obra más reciente que hemos adquirido es una pintura de Jose Parlá, uno de los cubanoamericanos más importantes a nivel internacional, a quien el PAMM dedicó una de sus mayores salas para recrear su estudio de Nueva York.

En 1994 empecé a trabajar para Coutts USA Intl., una subsidiaria de la filial londinense del Royal Bank of Scotland Group primero y, por último, para el Banco Santander, del que me retiré de forma anticipada en 2006.

Has estado muy implicado en varias juntas directivas de instituciones relacionadas con el arte y la cultura en general. ¿Puedes hablarnos de esta parte esencial de tu vida?

En 1994 fui invitado a unirme a la junta del Miami Art Museum (el MAM), siendo el segundo cubanoamericano, después de Peter Menéndez, que entraba en la directiva de este museo que se encontraba en el Downtown de la ciudad. Como sabes el MAM, que había comenzado como Center for the Fine Arts en 1983, pasó a ser el Pérez Art Museum Miami Museum con la inauguración de su nuevo edificio diseñado por Herzog & de Meuron en 1103 Biscayne Boulevard en 2013. Ahí continúo como “Trustee Emeritus”.

También estuve en la junta del desafortunado Museo de Arte Cubano, con una historia de altas y bajas para escribir varias novelas y, posteriormente, entré en la junta de la Fundación Oscar B. Cintas, de la que ahora soy presidente, y también en la Cuban Heritage Collection, en la Biblioteca de la Universidad de Miami.

Asimismo, he participado activamente en el International Kids Fund / Jackson Memorial Foundation. Una misión muy importante que compartimos Marijean y yo es apoyar la obra humanitaria de Caritas Cuba.  También soy miembro de la junta directiva de Friends of Caritas Cuba y he sido el responsable de organizar la subasta de arte anual que recauda fondos importantes para los programas para ancianos y niños en Cuba.

Rafael y Marijean Miyar con hijos y nietos

¿Has regresado a Cuba?

En 2002 mi hija Natalia -que hoy vive en Londres y tiene una firma de diseño- estaba haciendo su tesis en la Universidad de Miami sobre arquitectura y, en particular, sobre un proyecto de reconstrucción del antiguo hotel Trotcha, en el Vedado habanero, hoy completamente perdido. Tuvo que viajar a La Habana y decidimos acompañarla. Nos hospedamos en el hotel Parque Central. Mi padre que aun vivía nos acompañó.

Como es lógico fue un viaje muy emotivo. Allí me quedaban todavía cuatro tíos y una prima. Pude reconocer algunos lugares. Volver a Cuba después de tantos años ausentes es una clase de arqueología. En identificar lugares Marijean me ganó porque su padre, antes de que salieran de la Isla, tuvo la idea de hacer con ella un recorrido muy exhaustivo por los sitios clave de la arquitectura e historia habaneras convencido de que era la última vez que los podrían visitar. Yo, por ejemplo, encontré mi casa natal impecable, pero nunca di con la famosa academia militar en donde cursé estudios.

Rafael Miyar con el proyecto de Caritas durante su segundo viaje a Cuba

¿Has vuelto después?

En 2023 volví porque, como mencione anteriormente, soy parte de la junta de Friends of Caritas Cuba, en la que también están Consuelo Aróstegui, Teresita de Blank, el reverendo Bryan Heir, Elizabeth y Roberto Goizueta, y muchos más. Fuimos un grupo con el objetivo de comprobar el buen uso de los fondos que se destinan para ancianos desvalidos en la Isla. Estuve en Cienfuegos, visitando comedores, parroquias y centros de atención a niños autistas que Caritas apoya.

En este segundo y último viaje pude ver que, con respecto a dos décadas antes, el deterioro de todo era enorme. Me impactó tanto lo que presencié, la miseria, la suciedad y el hambre, que regresé muy afectado y enfermo tanto física como moralmente. Tanto es así que no sé si tendré la fuerza necesaria para regresar a Cuba nuevamente. Seguiré, sin embargo, haciendo todo lo posible para ayudar a los más necesitados y vulnerables que siguen allá.

 

 


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Presentación de "Como el ave fénix" en Madrid

Genealogías, archivos, registros, matrimonios, defunciones y bautizos en la provincia de Holguín, Oriente, Cuba

Genealogías de la región de Holguín / William Navarrete / ed. UnosOtros - Miami